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Me creí
lo de "niño"
y cedí a tu custodia.
Confiado tras mis párpados,
no vi que cedías igual
al desangrarme.
Te
aprovechaste de mí.
Me abandonaste al sentir.
Nunca
más
moriré.
Reencarné
y no me rebajará otro eufemismo de ti.
La
intención no cuenta
si a la hora de cumplir la promesa,
te olvidas de lo que sentías.
Me enseñaste a cobrarme deudas,
que así es la vida.
Me
aprovecharé de ti.
Una dulce venganza al fin.
Sobreviviré de alguna manera
a tu recuerdo que no flaquea.
Sacaré fuerzas de mi agonía.
Si será con odio, pues que así sea.
¿Qué te
creías?
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Nunca
más
moriré.
Reencarné
y no me rebajará otro eufemismo de ti.
Nunca
más (quiero volverte a ver).
Moriré (si no me esfuerzo por vivir).
Reencarné (en lo que no mereces)
y no me rebajará otro eufemismo de ti.
Extraño
con locura a quien nunca fuiste,
a quien debiste ser, pero jamás a ti.
Hoy, la situación está en mis manos
como en las tuyas estuvo mi corazón.
Regresarás con la luna o con el verano,
con un arrepentimiento que no sabe qué.
Mi venganza será tu veneno lento, lento:
haré que desees por siempre lo que ves.
Seré
oscuridad
en tu alma.
En tus párpados.
No digas nada.
Ya no
vengas.
Ya sé que me ves.
No des lástima.
Te lo dije.
Yo te lo
advertí. |